
El Papa deportista: tenis, gimnasio, béisbol y natación
León XIV es un apasionado del deporte: juega al tenis en el Vaticano, sigue a los Chicago White Sox y entrenaba varias veces por semana en un gimnasio de Roma.Antes de su visita a la Argentina, un recorrido por sus hábitos deportivos y la histórica relación de los Papas con el tenis.
El papa León XIV recibe al tenista italiano Jannik Sinner en El Vaticano. Foto: EFE
El Papa sabe lo que es ir al gimnasio, el Papa sabe lo que es entusiasmarse con el béisbol de los Chicago White Sox y el Papa sabe lo que es jugar al tenis. Y no necesita ir lejos si quiere hacerlo.
En el Vaticano hay una cancha de tenis protegida por un muro de 12 metros de altura. Y hay, también, un León XIV que cuando solo era Robert Prevost jugaba con entusiasmo y regularidad. Esa cancha en la zona de los Museos Vaticanos es una joya que, con el peruano-estadounidense al mando, tiene asegurada su existencia.
«Me considero un tenista aficionado«, dijo hace tres años Prevost, que tiene una idea bastante clara del deporte:
«En la vida, como en el juego, nadie se salva solo».
El cardenal Daniel Sturla (i) entrega una imagen de la Virgen de los Treinta y Tres al papa León XIV en Uruguay. Foto: EFE/ Raúl Martínez
Muy bergogliano en esto, León XIV va más allá. «Necesitamos a los demás para crecer, para aprender respeto, para superar nuestros límites y para celebrar juntos las victorias que alcanzamos. Pedimos que el deporte sea siempre una escuela de fraternidad, no de rivalidad vacía; un espacio de encuentro, no de exclusión».
Se propone bastante el Papa en un mundo en el que la crueldad se puso de moda hace ya un tiempo. Cuando este domingo llegue a Argentina no habrá tenis, sino más bien una agenda demoledora, aunque tampoco podría haberlo: Prevost se está recuperando aún de la cirugía en la que se le extirpó un cáncer de pulmón en fase temprana.
Cuando ese momento pase, volverá a jugar al tenis, algo que hizo con cierta regularidad en los primeros meses de su Papado. Los lunes y martes aprovechaba la residencia de verano de Castel Gandolfo, en las bucólicas colinas en las afueras de Roma, para jugar al tenis con su secretario, monseñor Edgard Rimaycuna, un sacerdote peruano al que conoce desde hace años. Nadar y andar a caballo son otras de las actividades que disfruta Prevost, que retoma la tradición deportiva papal tras el interregno que implicaron Benedicto XVI y Francisco.
Joseph Ratzinger era ya un teólogo anciano cuando llegó a la silla de Pedro, en tanto que Jorge Bergoglio era un apasionado hincha de San Lorenzo, pero no practicaba deportes.
Foto: AP
La diferencia a favor de Prevost, más allá de que llegó con relativa juventud al papado, es que proviene de la orden de los Agustinos, que tiene muy en cuenta el valor de los buenos hábitos. Lo sabe bien Rob Hagan, prior de la Provincia Agustiniana de Santo Tomás de Villanova y capellán de los equipos masculinos de baloncesto y fútbol americano de la Universidad de Villanova, en el Estado de Pennsylvania. El deporte ayuda a la hora de dar misa, sostiene Hagan.
“Miren el ritmo que está manteniendo. Puede cantar en misa porque tiene capacidad pulmonar. Se lo escucha porque tiene cierta fuerza en la voz. Es algo que no te enseñan en el seminario: ser sacerdote, ser un líder espiritual o, en realidad, ser cualquier líder, es un trabajo físicamente exigente”.
Seguidor de los Chicago White Sox, en los años previos a convertirse en Papa, Prevost dedicaba dos o tres días a la semana a entrenarse en el gimnasio Omega, cercano al Vaticano. Cinta y bicicleta estática, además de ejercicios posturales, eran la receta del entrenador Valerio Masella.
El 8 de mayo de 2025, cuando el humo blanco se recortó sobre el cielo de Roma, la noticia del nuevo Papa apareció en las pantallas del Foro Itálico, ese sueño del deporte inspirado por el fascismo de Benito Mussolini y que es sede del Abierto de tenis de Italia. Semanas después, León XIV recibió en audiencia al que por entonces era el mejor tenista del mundo, el italiano Jannik Sinner.
Foto: EFE
Una relación, la del tenis y los Papas, que tiene cierta historia. Aquella cancha de tenis en el sector norte del Vaticano fue durante unos años escenario de torneos en los que se mezclaban integrantes de la Guardia Suiza, responsable de la protección de los Papas, y empleados del Vaticano. En el inicio sólo lo jugaban los religiosos y algunos guardias, con Giovanni Battista Re, por entonces vicedecano del Colegio de Cardenales, ganando el “Torneo de la Amistad” en 1978.
Cuando León XIV celebre este lunes una misa multitudinaria junto al Monumento de los Españoles, en Palermo, estará muy cerca de dos clubes fundamentales del tenis local, como el Buenos Aires Lawn Tennis Club y el Tenis Club Argentino. No tendrá tiempo ni de verlos, aunque seguramente más pronto que tarde vuelva a jugar al tenis. ¿Y por qué no probándose con un profesional argentino durante el Abierto de Italia? Es algo que ya sucedió hace casi medio siglo: Pablo Arraya, nacido en Córdoba e histórica estrella del tenis peruano, se encontró, de un momento para el otro, red de por medio en un dobles frente a Juan Pablo II. Ventajas de jugar el Abierto de Italia.
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