
La última locura de Elon Musk: ¿Es legal un deportivo que salta autos con propulsores de cohete? “Depende de tu calle”
Tesla presentó el nuevo Roadster con tecnología aeroespacial de SpaceX.Pero abre un laberinto regulatorio: ni las normas viales ni la aviación civil contemplan un vehículo semejante.
VideoTiene propulsores que le permite volar
Redacción Clarín
Elon Musk lo hizo de nuevo. En un contexto donde la industria automotriz debate costos, normativas de emisiones y desaceleración en la demanda de eléctricos, el magnate recurrió a su fórmula predilecta: un golpe de efecto que roza la ciencia ficción. Sin embargo, su más reciente pirueta tecnológica no solo desafía a la física, sino también a la ley.
En una demostración realizada en las instalaciones de SpaceX en Texas, Tesla mostró la demorada nueva generación del Roadster. La novedad absoluta fue la incorporación de propulsores de gas frío desarrollados por ingenieros de cohetes, diseñados para despegar el vehículo del suelo y permitirle maniobras aéreas.
Durante la demostración, el deportivo trepó por una rampa curva hasta quedar invertido, salió expulsado por el aire, completó un giro y cayó sobre sus cuatro ruedas; en otra pasada, saltó limpiamente por encima de una fila de autos estacionados.
La prueba se hizo sin conductor a bordo, una precaución que el propio Musk justificó fiel a su estilo: «Para asegurarnos de que no matamos a nadie».
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No en el futuro próximo. El prototipo que presentaron seguramente agotó en esa prueba toda, o buena parte, de la energía que disponía. Asi que serviría no para volar sino para uno o dos eventos muy pa
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El Tesla Roadster puede elevarse y estabilizarse en el aire.
Más allá de la espectacularidad visual, el anuncio abre de inmediato un interrogante central: ¿cómo se homologa un auto con propulsores aéreos para circular en la vía pública?
Cuando durante la presentación le preguntaron formalmente si este vehículo podrá rodar de manera legal, Musk eludió una respuesta técnica con una evasiva irónica: «Depende de tu calle». Pero la realidad regulatoria es mucho más compleja.
Un automóvil de calle debe cumplir estándares de seguridad vial pasiva y activa (protección a peatones, zonas de deformación programada, sistemas de retención). En cambio, un artefacto que se eleva del asfalto ingresa en el radar de las autoridades de aviación civil (como la FAA en Estados Unidos), que exigen certificaciones aeronáuticas, protocolos ante fallas y licencias especiales.
El uso de sus propulsores de gas frío a presiones extremas en el tránsito civil plantea riesgos evidentes para peatones, ciclistas y otros vehículos ante una activación accidental o maniobra defensiva.
El Tesla Roadster iniciará sus entregas en 2028.
Además, el prototipo exhibido carecía incluso de elementos obligatorios elementales, como espejos retrovisores laterales convencionales, una señal de que lo visto es todavía una plataforma de exhibición y no una unidad lista para la calle.
La física del truco: aire a alta presión y succión al piso
El Roadster no es un «auto volador» que reemplazará a un helicóptero o a un eVTOL en trayectos urbanos; sus saltos son breves maniobras balísticas controladas. La configuración más extrema utiliza:
Sus boquillas de gas frío están alimentadas por tanques de aire a altísima presión. Las traseras aportan aceleración instantánea y las perimetrales estabilizan el chasis y guían las rotaciones en el aire.
Chorros de gas frío le permiten al Tesla Roadster elevarse y estabilizarse en el aire.
Lleva también un efecto suelo activo, un sistema de succión inferior genera carga aerodinámica artificial para «pegar» el auto a las superficies antes de los saltos y quedar boca abajo.
Tesla asegura que acelera de 0 a 96 km/h (0 a 60 mph) en 0,81 segundos, alcanza más de 370 km/h y ofrece unos 480 kilómetros de autonomía. Todas cifras declaradas por la compañía y pendientes de verificación independiente.
Tres versiones y un filtro comercial
Consciente de las trabas legales que enfrentaría un modelo así a gran escala, Tesla segmentó la oferta para separar el marketing del producto comercializable:
- Performance: El deportivo «legal». Biplaza tradicional, sin propulsores aéreos, enfocado en prestaciones puras de asfalto. Depósito de reserva: 50.000 dólares.
- Thrust: Conserva las dos plazas pero incorpora propulsores traseros para lograr aceleraciones salvajes sin despegue vertical. Reserva: 250.000 dólares.
- Rocket: El monoplaza experimental del show. Elimina el asiento del acompañante para alojar los tanques de aire comprimido y el sistema completo de propulsión aérea. Estará disponible únicamente por invitación.
El Tesla Roadster se puede reservar desde US$ 50.000
Los montos informados corresponden a depósitos para asegurarse un lugar en la lista de espera, no al precio final de venta, que todavía no fue revelado.
La promesa de 2028: ¿Realidad o humo para ganar tiempo?
El proyecto arrastra un pesado historial de demoras. La segunda generación del Roadster se mostró por primera vez en noviembre de 2017, prometiendo entregas a corto plazo. Nueve años más tarde, tras sucesivas postergaciones, Musk volvió a patear la pelota hacia adelante: ahora fija la producción para 2028.
Integrar depósitos de alta presión, sistemas de succión y propulsores aéreos en un automóvil no solo representa un reto descomunal de ingeniería y peso, sino un dolor de cabeza legal que difícilmente los entes reguladores resuelvan a favor de Tesla sin severas restricciones de uso (confinándolo, probablemente, a pistas cerradas).
Por ahora, la última locura de Elon Musk parece haber cumplido su objetivo primario: capturar la atención global y demostrar que en el arte de la espectacularidad y el show, Tesla sigue sin tener rival. La duda que persiste es si en 2028 veremos a este deportivo en las calles o se demorará como la Cybertruck.
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