
Claudio Fantini: “Hoy el que tira la bomba atómica pierde”
El analista internacional afirmó que el uso de armamento nuclear quedó prácticamente fuera de las reglas del conflicto internacional contemporáneo. “Israel sabe que, si usa la bomba atómica, se satanizaría a sí mismo”, indicó.

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Hoy 13:34
Claudio Fantini afirmó que el uso de armamento nuclear no es una opción real en los conflictos internacionales actuales, porque “el que tira la bomba atómica primero es el que pierde”. Además, en diálogo con Modo Fontevecchia, por Net TV y Radio Perfil (AM 1190), el politólogo y analista de política internacional también comentó la guerra en Medio Oriente y sostuvo que la estrategia de Irán apunta a “generar un caos donde pudiera refugiarse el régimen” frente a la presión militar de sus enemigos.
Claudio Fantini es licenciado en Ciencia Política por la Universidad Católica Argentina. Es un destacado politólogo, periodista y analista de política internacional. Es mentor de la carrera de Ciencia Política en la Universidad Siglo XXI, donde se desempeña como profesor. Además, escribe su análisis internacional en la revista Noticias.
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Desde la última vez que hablamos, hace solo una semana, ¿qué ha cambiado en este escenario internacional? Irán está vivito y coleando, haciendo más lío del esperado, generando una especie de amenaza de que, “si yo me muero, me muero con todos ustedes”. Una especie de suicidio, pero al mismo tiempo de martirio.
Así es. Siempre que me he referido al yihadismo en los escenarios bélicos, he recurrido a la leyenda bíblica de Sansón. En el templo de los filisteos lo habían doblegado, porque le habían cortado el pelo y le habían quitado sus fuerzas, y también lo habían cegado, y él se inmola para vencer a esos enemigos que lo estaban venciendo. Eso es lo que se planteó al comienzo de esta guerra, con Irán, un poco nadando contra la lógica estratégica de que, mientras está frente a un enemigo poderoso en guerra, lo que se hace es salir a buscar aliados. El mundo vio con cierta perplejidad que lo que hacía Irán era lo contrario: salir a multiplicar sus enemigos.
Entonces, en ese momento, a mí me pareció que la única interpretación era sansónica. Estábamos viendo cómo se trataba de incendiarlo todo, incluso al riesgo de morir incinerado, pero la estrategia estaba apuntada a generar un caos donde refugiar al régimen. La guerra es para acabar con el régimen. El régimen buscó convertir al mundo, a la economía global, en un búnker donde ocultarse y hacerse invulnerable, hasta el momento en que los poderosos enemigos tengan que cesar el fuego, porque ya están siendo afectados por sus propios ataques. Eso es lo que se ha estado viendo en estos días: la lógica de esa estrategia sansónica, la lógica de generar un caos en la economía, generando una presión gigantesca del mundo y de la propia sociedad norteamericana para que Donald Trump diga: “Bueno, hasta acá”.
Al mismo tiempo que con esta actitud Irán logra que Estados Unidos o Israel tengan que detener o moderar la forma de ataques, ¿no logra también que los 17 países que atacó se terminen uniendo en un punto donde, más allá de cómo terminen ahora estos bombardeos, haya un consenso mundial de que gente tan fanática no puede estar al frente de un país tan importante como Irán?
Sí, yo creo que ese consenso es inexorable en algún momento, y cuanto antes llegue es mejor. Indudablemente, el régimen iraní ha sido, desde la propia llegada de Ruhollah Jomeini al poder en 1979, un régimen lunático, medieval, oscurantista, fanático. Le obliga a una sociedad a ser como una gran feligresía que solo sabe decir sí y adorar a sus líderes. Ese régimen ha dado ejemplos, como el caso Salman Rushdie, que es un ejemplo del lunatismo de ese régimen. Jomeini se sintió cuestionado él en los versos satánicos. Hay un capítulo en el que claramente describe un monstruo que devora a su pueblo y ahí se vio reflejado, en ese estallido de odio y fanatismo que promulgó esa fatua delirante, y puso a un escritor en la mira para ser asesinado.
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Otra paradoja es la paradoja de la bomba atómica. Todo esto está planteado porque Irán estaba construyendo la posibilidad de fabricar bombas atómicas. ¿No quedó demostrado en esta guerra con Irán que las bombas atómicas finalmente no se pueden tirar? Sería muy simple hoy tirar una bomba atómica sobre Irán, pero hay una especie de conciencia social de que la guerra no puede ser contra civiles .¿Para qué tener bombas atómicas?
Sí. Yo creo que esa reflexión es clave y es crucial. Por ejemplo, analizando la guerra en Ucrania, lo peor para (Vladimir) Putin, lo más desesperante, es que no puede utilizar el arma con la que hubiera acabado la guerra con un triunfo absoluto de su parte en un santiamén. No puede usar su arsenal nuclear porque hoy el que tira la bomba atómica primero es el que pierde. Los que le sigan, estarán inmunizados, pero el primero que use una bomba atómica, que va a ser la primera desde Hiroshima y Nagasaki, es el que perdió.
Israel no le puede tirar la bomba atómica a Irán. Si Irán la tuviera, vaya a saber qúe se siente autorizado por Alá para hacer un régimen lunático. Pero Israel no puede hacerlo. Israel sabe que, si usa la bomba atómica, se satanizaría a sí mismo a un nivel que pone en peligro lo que tanto ha defendido y con tanto éxito, que es la sobrevivencia de Israel en un escenario hostil.
A mí me parece importante señalar algo que es muy revelador, que son los niveles de negligencia de los que están conduciendo esta guerra del lado occidental. Los otros fueron delirantes siempre, los ayatolás, pero por ejemplo a mí me dejó perplejo, incluso me dio estupefacción, cuando Donald Trump salió a decirle al régimen: “No se les ocurra elegir a Mojtaba Jamenei para que sea el nuevo líder supremo, porque yo no lo voy a permitir”. Pero lo acaba de ungir líder supremo el propio Donald Trump.
Mojtaba tenía muchos problemas para llegar al liderazgo, muchas obstrucciones, entre ellas el hijo de Alí Jamenei, porque el régimen desde el principio planteó que nunca más Irán iba a tener líderes por herencia del poder. Eso que parece que lo bendecía y lo fortalecía, que es ser el hijo del líder supremo muerto, en amplios sectores del régimen es exactamente lo contrario. Además, no es ayatolá. No llegó al taqlid, que es el nivel de lo que se llama “fuente de emulación”, que es un grado en los estudios teológicos del chiismo duodecimano que hay que tener para llegar al grado de ayatolá. Tampoco es un jurisconsulto experto. Le faltan varios escalones.
Tenía muchos obstáculos, pero cuando sale Trump y le dice al régimen: “No se les ocurra nombrar a tal porque yo no lo voy a permitir”, está obligando al régimen a que lo elija, porque si elige otro va a quedar como cumpliendo órdenes recibidas desde la Casa Blanca. O también (Benjamin) Netanyahu, cuando ataca los yacimientos petroleros y los depósitos de petróleo de Irán. Eso está en la línea de lo que está queriendo Irán, está incendiando la región. Y en ese sentido, ese ataque de Netanyahu colaboró con el incendio de la región para que suba estratosféricamente el precio internacional del crudo. Verdaderamente es desoladora esta guerra entre un régimen fanático y criminal como el de los ayatolás y, del otro lado, dos potencias con líderes que también tienen un nivel de mesianismo que asusta.
