
Cristina le embarra la cancha a Kicillof y Milei siempre es violento, no importa cómo le vaya
El amor/odio de la ex presidenta hacia el gobernador es para un psicólogo. El presidente, otra vez, tuvo una semana de furia sin justificación.
Milei, desaforado, junto a Flavio Bolsonaro en San Pablo.
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En estos días hubo de todo pero nada comparable con lo de Cristina pidiendo auxilio a las Naciones Unidas para poder ser candidata y lo de Milei con otra sobredosis de agresiones, esas que confunden a propios y extraños. Insultos a Lula en la casa de Lula, y hasta subiendo al canciller Pablo Quirno, o Quirno mimetizándose con Milei, y subiéndose por las suyas a la pelea con un aliado estratégico. Milei es violento más allá de que le vaya bien o mal y Quirno es de esos tipos dispuestos a hacerse conocer como sea y sin medir las consecuencias. A la vuelta de Brasil, Milei se calzó el traje de presidente en la Rural, pero no bien se bajó del escenario escrachó a un dirigente massista y criador de caballos que contaba feliz que había sido premiado. No hay lugar para comentarlo, pero otra cosa lamentable deja el Mundial: un decreto demagógico para expulsar a extranjeros que hablen mal de nosotros.
Empecemos por la semana de Cristina, que se ha propuesto acelerar el desgaste de Kicillof, a quien la une una relación amor/odio: pasó de ser su discípulo preferido a enemigo interno. Aunque no haya roto del todo con ella, Kicillof no la reconoce como jefa y se ha negado incluso a visitarla en San José 1111. Es algo que ofende y enoja especialmente a la ex presidente y que, por eso, Máximo se encarga de comentarlo cada vez que puede. Un psicólogo ahí.
¿Cómo terminará esta historia? Nadie sabe. El gobernador acumula fuerzas y armó un núcleo numeroso de intendentes peronistas. La nave insignia de Cristina es La Campora, en la que manda su hijo. Tiene otro bloque importante de municipios y han paralizado al congreso bonaerense, donde Kicillof no tiene casi senadores ni diputados. A través de Sergio Berni y Mario Ishi, Máximo hostiga todo el tiempo a la vice gobernadora Verónica Magario. Van contra Kicillof y van por La Matanza. Cristina representa hoy un pedazo del peronismo y casi todo ese pedazo está concentrado en el Conurbano. Pero controla dos organismos clave para la elección: el partido y la Junta Electoral a nivel nacional.
Cristina contrató a dos abogados, Rafael Valim, brasileño y ex defensor del izquierdista Lula, y Javier Borrego, español y militante del ultraderechista Vox, para presentarse ante el Comité de Derechos Humanos como víctima de la justicia argentina. Comentario al pie: no sabemos si le da el piné, pero Borrego, que usa en su camisa un muñeco Lego como gemelo, recuerda mucho a Guillermo Nimo, aquel árbitro de fútbol que se hizo famoso por bombear a River y se convirtió en un payasesco comentarista de corbatas anchas y boquilla en la tevé.
Nunca se sabe pero las chances de la jugada de Cristina son menos que mínimas. El relato sigue por encima de la verdad. El Comité de nueve miembros tiene miles de demandas acumuladas y demora, promedio, entre dos y tres años en contestar. Cristina ha pedido una medida cautelar en paralelo al reclamo de fondo. Pero la denuncia es tardía, un año después de haber sido condenada por corrupción, y encima con argumentos tan poco serios como que la Corte Suprema que la condenó estaba integrada por sólo tres miembros. Cristina ahora se queja de eso pero en sus cuatro años como vicepresidente no movió un dedo para completarla. Lo que nos interesa olvidar, lo olvidamos.
Y ya que hablamos de la Corte, hay más noticias. La denuncia de Cristina ayuda de algún modo al proyecto de Milei para completarla y el presidente dice ahora que buscará hacerlo antes de diciembre: 2027 es año electoral. La otra es que se reabrió el casting de candidatos. A los nombres en danza se le agregó el de Mariano Llorens, amigo entre otros del ministro Mahiques y del operador Daniel Angelici.
Cristina pide auxilio en la ONU
Volviendo a Milei: no debió -y mucho menos aún su canciller- hacer ese stand up en la convención del partido Liberal en San Pablo. Su visita estaba justificada por la reunión con el gobernador Tarcisio de Freitas, también conservador, que lidera un Estado con un PBI y la población de una Argentina entera, y que tal vez se involucre en una de las privatizaciones más ambiciosas acá: la de AYSA.
Hay mucha tela para cortar en esta crisis de una relación reconstruida hace más de 40 años por Alfonsín y Sarney. El periodista y escritor ítalo-brasileño Elio Gaspari advierte sobre el veneno de la diplomacia carcelaria, que empezó en 2019 Alberto Fernández, cuando en campaña visitó a Lula en la celda que ocupaba en Curitiba. Lula fue a ver a Cristina en San José 1111 en 2025. Y esta vez, un juez del Supremo brasileño, Alexandre de Moraes, al que Milei calificó como “basura calva”, impidió que Milei visitara a Bolsonaro, condenado a 27 años de cárcel por intento de golpe de Estado.
En la Rural, Milei la empezó bien y la terminó mal. Sabía que iban a reclamarle por la promesa incumplida de acabar con las retenciones, pero se las arregló para conseguir aplausos aunque no euforia con un texto leído donde mezcló un pedido de paciencia con una nueva promesa de bajar ese impuesto a la mitad al final de su mandato. El campo ve bien la tendencia liberal del gobierno, es un buen momento para la carne vacuna y la Rural es una muestra eminentemente ganadera.
Pero cinco minutos después, la contracara: se metió en el móvil de radio Mitre y mientras le hacían la entrevista, vio pasar al dirigente massista Ignacio de Mendiguren, y se brotó. “Vos, mierda humana, ladrón, arruinaste al país”, le gritó despiadado. Algunos suponen que el presidente sabe que no hay onda entre el massista antes duhaldista De Mendiguren y el agro. Asombran los insultos de Milei y asombra que los que los oyen guarden silencio. No les parece extraño cuando es claro que lo es.
Y, para el final, la renuncia de Leandro Petersen, mano derecha del tesorero de la AFA Pablo Toviggino. Con altísima opinión de sí mismo, casa hoy en un country y una oficina a todo lujo cerca del Teatro Colón. Todos dicen que es el testigo apuntado por los fiscales norteamericanos que investigan la corrupción en el fútbol. Alguien clave porque conoce bien el manejo del dinero del recaudador Javier Faroni y su mujer Erica Gillette. Dicen que volvió asustado del Mundial porque le dijeron: “sos testigo, por ahora”. Allí no tiene jueces ni funcionarios que puedan ayudarlo. Por suerte.
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