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Cómo cuida su salud cognitiva Facundo Manes, el neurocientífico que hablaba del cerebro cuando nadie lo hacía
En plena era de la IA, insta a ubicar al cerebro en el centro del debate, incluso fuera del ámbito clínico.Conversó con Clarín en el marco de un encuentro inédito en el país que reunirá referentes de primer nivel internacional.
El enfoque de la salud cerebral representa un cambio cultural, dice Manes. Foto Ariel Grinberg.
En la era de la inteligencia artificial, volver a poner el cerebro en el centro de la escena. Esta premisa podría resumir el espíritu que tanto latente como explícitamente rigió la charla que mantuvo con Clarín el neurólogo y fundador de INECO Facundo Manes, a propósito de la Segunda Reunión de la Alianza Internacional sobre Salud Cerebral (2nd Meeting of the International Alliance on Brain Health).
Este encuentro, organizado por INECO y la Swiss Brain Foundation, en colaboración con The Lancet Commission on Brain Health, que se realizará hoy y mañana en Buenos Aires, es inédito en el país. Contará con importantísimos referentes internacionales, pertenecientes a la Academia Estadounidense de Neurología, la Federación Mundial de Neurología, la Asociación Mundial de Psiquiatría, la Asociación de Alzheimer, la Asociación Estadounidense del Corazón, y Academia Europea de Neurología.
Con conceptos clave como capital cerebral y la ventaja humana frente a las nuevas tecnologías, y con el objetivo de ampliar el alcance de la noción de salud cerebral (que excede el ámbito clínico y por lo tanto lejos está de reducirse a la dicotomía salud-enfermedad, sino que alcanza a casi todos los ámbitos de la vida y el desarrollo de las personas y los países); Manes explicó a este diario los principales ejes sobre los cuales rondará el encuentro.
— ¿En qué radica la importancia de este meeting, en el que se postula a la salud cerebral como uno de los desafíos del siglo XXI?
— Los neurólogos ya veníamos hablando de esto, pero en los últimos años pasaron tres cosas. La primera fue la pandemia, cuyo efecto en la salud mental aún lo estamos viendo -y lo vamos a seguir viendo-, al igual que lo que ocurre en la educación. Yo calculo que va a haber décadas de impacto en ambas áreas.
Por otro lado, el auge de la inteligencia artificial (IA), que no solamente asusta -vos podrás decir “van a escribir mejor que yo una nota”, y yo decir ”van a hacer un diagnóstico”-; sino que además estamos estresados por la tecnología, y creo que en los últimos meses, empezamos a decir “nuestro cerebro sirve para algo”. Hay una expectativa en la pregunta de qué tenemos los humanos para decir.
Facundo Manes es pionero en el desarrollo de las ciencias nuerocognitivas. Foto Ariel Grinberg.
En este sentido, fue muy importante lo que pasó en enero, en Davos, que más allá si a uno le gusta o no, es indiscutiblemente un centro económico mundial, donde van los presidentes, y se puso en discusión de si en la era de la IA hay que invertir en el cerebro, para tener cerebros más fuertes. Lo cual es diferente a hablar de capital humano, que es la experiencia, la educación, pero esto es un prerrequisito.
Lejos está entonces de ser un tema de nicho: en Estados Unidos, como señaló una de las speakers, Natalia Ross, que es la presidenta de la American Academy of Neurology, uno de cada dos americanos tiene un problema cerebral a lo largo de su vida, y en el mundo se sabe que es más de uno de cada tres.
Y más allá de la enfermedad, olvidemos los trastornos, lo cierto es que si no tenés resiliencia, si no tenés creatividad, si no tenés pensamiento crítico, no vas a poder sobrevivir en los tiempos que se vienen. El cerebro cobra relevancia, porque en la era de la IA, vos por ejemplo para ser el mejor profesional, para usar la IA, vas a necesitar de ciertas habilidades.
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Y países como el nuestro, como Argentina, tienen otro problema, dado que las realidades de África y Latinoamérica distan de las de Suiza. Un estudio del BID muestra que un bebé de una familia pobre, y otro perteneciente a una familia de clase media, ya de chiquito, con menos nutrición, con menos estímulo, presentan conexiones neuronales diferentes. Las brechas en lenguaje y desarrollo cognitivo se abren en los primeros años de vida, mucho antes del ingreso al aula.
— Otra de las patas es la expectativa de vida que crece, hablamos de sociedades más envejecidas…
— Sí. El mundo está envejeciendo. Y el principal factor de riesgo para el deterioro cognitivo y la demencia es la edad. Europa ya está envejecida, ya tiene el problema. Pero los que vamos a tener el problema somos nosotros, con menos recursos y menos preparación. Los países de ingresos medios y bajos van a tener la mayoría, casi el 60% de los pacientes con demencia.
“Los cambios culturales llevan tiempo: ahora las neurociencias están de moda”, analiza Manes. Foto Ariel Grinberg.
Entonces, tenemos el problema de las enfermedades que tienen una gran prevalencia, como hablábamos, uno de cada dos, o más de uno en tres. Y luego las habilidades cognitivas, aunque no tengas enfermedad, en la era de la IA: resiliencia, pensamiento crítico, flexibilidad cognitiva. Son todas habilidades que tenemos que impulsar para tener trabajo.
Y además, en los países como el nuestro, de mediano o bajo ingreso, con alta pobreza, las políticas de Estado tienen que ser nutrir a los chicos y estimularlos.
Lo venimos diciendo hace 20 años, pero que ahora, en Davos, la meca para los tecnólogos, este tema gane importancia es relevante. Porque si lo dice un neurólogo, bueno, pero lo dice el reporte de este año del World Economic Forum y el McKinsey Health Institute, que habla en la era de la IA de “la ventaja humana”, de la importancia de cerebros más fuertes. Entonces, que justo en la Argentina tengamos este encuentro que ya viene de hace dos años, tiene suma relevancia. El tema ha tomado otra dimensión.
— A nivel local, la relación con la IA parece tener bordes borrosos, y se problematizan sus usos mediante términos como deuda cognitiva, delegación de habilidades cognitivas, o incluso de fatiga mental con las redes sociales. ¿Hay a nivel local consciencia de la importancia de “fortalecer cerebros”?
— Voy a responderte desde mis múltiples dimensiones. Ya no habla solo el médico sino también la persona de compromiso público [N de la R: tiene también un rol político: fue precandidato presidencial, candidato a senador y diputado nacional por la provincia de Buenos Aires]. Y hay varias facetas en tu pregunta.
Primero, que en la Argentina tenemos un prejuicio que nos lleva siempre a creer que las materias primas nos van a salvar. Ahora pensamos que nos va a salvar el petróleo, el gas, la minería. Es mejor tener petróleo, gas y minería, porque nos da una macro ordenada. Pero no nos va a desarrollar eso. Tenemos que invertir en el cerebro.
Por ejemplo, Corea y Ghana en el año 50, tenían el mismo ingreso per cápita. Pero Corea empezó a invertir en conocimiento. Y para eso hay que tener cerebros sanos: empezó a invertir en nutrición, en estímulo afectivo, cognitivo, en educación.
Y además, y este es otro aspecto de la respuesta, más personal, más individual, es que parece que no tenemos interés en cuestionar el vínculo con las redes o el celular, pero cuando alguien nos alerta “che mirá que estamos cansados todo el día, no damos más, porque no dormimos bien, porque estamos todo el día scrolleando Instagram, y viendo X, y nos ponemos mal”, cuando uno les dice “che, esto es un impuesto cognitivo”, ahí a la gente le interesa, porque dice “ah me pasa a mí, estoy todo el día cansado y no hice nada”.
Yo creo que en 10 años, alguien que está todo el día mirando el celular va a ser visto como alguien que fuma y uno le dice “Che, andá a fumar afuera”.
— Venís desarrollando el área de las neurociencias desde hace décadas, cuando no se hablaba de esto. Si tuvieses que decir qué podemos reforzar los argentinos, cosas que sí dependan de nosotros ¿qué podemos hacer para tener un cerebro saludable?
— Te voy a decir lo que hago yo: hago ejercicio todos los días. Diez minutos a la mañana, media hora a la tarde, trato de ir al gimnasio, pero si no puedo igual trato de caminar 40, 45 minutos, me mantengo activo, trato de subir escaleras. El ejercicio es el mejor antidepresivo y ansiolítico natural.
Segundo, estar presente, porque estamos permanentemente rumiando en el futuro, yo tengo tendencia a pensar qué viene después. Estar presente baja la ansiedad.
Tercero, la vida social, invertir en contactos humanos si uno está un poco bajoneado: llamar a un amigo, tomar un café, no aislarse, invertir en lo humano. La soledad crónica, no pertenecer a una red social, es un factor de mortalidad más que fumar 10 cigarrillos por día, más que la polución ambiental, igual que la obesidad.
Luego, dormir. Invierto en sueño, duermo no solo una siestita, sino también a la noche. Si me acuesto un poco más tarde, al otro dia atraso un poco mi agenda pero invierto en dormir. Dormir es salud, protege el cerebro. Dormimos 2 o 3 horas menos que hace 40 años. El sueño es un protector cerebral, tenemos que despertarnos descansados.
“En 10 años, a alguien que está mirando todo el día el celular se lo va a ver como a un fumador que se le pide que fume afuera”, dice Manes. Fotos Ariel Grinberg.
Después, aprender cosas nuevas, salir de la zona de confort. Para mí, leer medicina es buenísimo, pero leer ciencia es lo que hago hace 30, 40 años, tengo que aprender historia de un país que no conozco, aprender cosas nuevas, idiomas (yo por ejemplo practico italiano, mejoro mi inglés). Me gusta viajar y exploro sobre lugares que voy a ir.
Trato de entrenar la resiliencia y un aspecto que me vino bien y que recomiendo es tratar de ver la vulnerabilidad como una fortaleza, a veces en el dolor, en la pérdida, hay una oportunidad para estar conectado con el presente, para tener compasión, para fomentar la empatía. Vivimos en un mundo donde hay que ser ganador, hay que triunfar, pero yo veo una fortaleza en la vulnerabilidad, que incluso nos permite reencontrarnos con nosotros mismos.
Es importante reevaluar las emociones. Por ejemplo, el estrés es inevitable, pero el tema es cómo reaccionamos: cambiar la manera en que pensamos para cambiar la manera en que sentimos. La reevaluación cognitiva de las emociones.
Y, obviamente cuidar la presión arterial, el sobrepeso, el colesterol, glucemia, la dieta, todo lo referido al corazón.
— En los últimos años hubo avances en una de las enfermedades sin cura más temidas y prevalentes en la vejez: el Alzheimer. ¿Tenés una mirada esperanzadora?
— Estamos en una etapa de comienzo de una nueva era en el Alzheimer. Durante muchas décadas no hubo avances, y hoy tenemos varios.
Primero, que los diagnósticos del Alzheimer del futuro van a ser mejores y más accesibles, sacándose sangre, sin necesitar aparatos complejos ni pruebas PET, vamos camino a que con un examen de sangre en el futuro podamos ver quiénes tienen más predisposición.
Segundo, estamos detectando el Alzheimer mucho antes que hace 10 o 15 años.
Y tercero, que por primera vez tenemos drogas que no solo mejoran los síntomas, sino que modifican el trayecto de la enfermedad. Por ahora, esas drogas son limitadas a un cierto grupo, producen efectos adversos, pero yo creo que en los próximos años vamos a tener una evolución que permitan un tratamiento que modifique el curso y el objetivo final va a ser que el Alzheimer sea una enfermedad crónica, como es la hipertensión arterial o la diabetes.
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