ESTA OBRA PUEDE LEERSE EN FORMA GRATUITA EN KRITERIOARGENTINO.COM.AR. MI SINCERO AGRADECIMIENTO A LUIS EDUARDO MEGLIOLI, UN PERIODISTA INFINITO POR ESTA FINA DEFERENCIA DE PUBLICAR LA RESEÑA DE UNO DE MIS LIBROS. LO IMPORTANTE ES QUE LOS SANJUANINOS LEAN Y ESCRIBAN ENTONCES PIENSAN Y MOVILIZAN SUS EMOCIONES. EL ARTICULISMO ES LA NUEVA VERSION DE LA LITERATURA. PERO ELLA NOS PROYECTA A LA CONSTRUCCIÓN DE UN MUNDO MEJOR.
NOSOTROS NO EXPORTAMOS DESDE ESTA PROVINCIA HACIA TODO EL MUNDO SOLAMENTE EL TESORO DE LA CORDILLERA Y NUESTROS VINOS Y FRUTOS, TAMBIEN EL PERIODISMO Y LOS ESCRITORES PODEMOS EXPORTAR CULTURAL. GRACIAS A DIARIO DE CUYO, QUE EN DEFINITIVA ESCRIBE LA HISTORIA DE SAN JUAN Y NUEVAMENTE A LUIS QUE SE TOMÓ SU TIEMPO, LO LEYÓ Y PROLOGÓ, LUEGO LO SOMATIZÓ EN SU SER Y HOY LO DA A CONOCER DE AQUÍ A LA ETERNIDAD.

«Los Derrotados» y una mirada sobre el rumbo de la civilización

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Por Luis Eduardo Meglioli – Periodista y escritor
Se titula «Los Derrotados» y es la enésima obra escrita y publicada por el reconocido periodista Juan Carlos Malís, que se hiciera popular primero en Radio Colón, junto a Lucho Román. Tan impactante título se hace mucho más gigante cuando nos damos cuenta que habla del mundo. De nuestro mundo. De todo el mundo. Hay periodistas que leen mucho, que siguen y producen noticias adaptándose a los tiempos. Pero no son muchos. Menos aun si buscan interpretar al ser humano, al ciudadano de a pie, para lo cual construyen un laboratorio propio donde tratan de analizar hasta la vida espiritual del hombre de la calle y su rol en el camino de todos los esfuerzos humanos, que van desde la destrucción en manos de los tira bombas, al alma de los que construyen para el bien. En esta obra Malís va mucho más lejos porque salió a dar la vuelta al mundo pero en más de los 80 días de Julio Verne, aquella novela de aventuras que buscó interrogar sobre la vital importancia del tiempo y su ineludible evolución. Pero a Verne le tocó girar en los ilusionantes tiempos de la Revolución Industrial, poniendo énfasis en los avances tecnológicos como el ferrocarril, los barcos a vapor, las nuevas miradas de los briosos intelectuales que hacían posible lo que antes parecía imposible. Y previamente, nuestro Domingo F. Sarmiento que navegaba aquel mundo en busca de sabiduría para acelerar la llegada de un futuro promisorio para los argentinos, con la educación universal por delante para conectar con el orbe.
Malís navega en el siglo XXI, doscientos años más adelante que aquellos, surcando, timoneando en este cosmos, por días deshumanizado, suponiendo, quizá en la partida del viaje, que el título de esta obra podría llegar a ser, a pesar de todo, «Los triunfadores». Pero no lo fue, porque en medio de la fascinante revolución digital comprueba el autor que la mano del hombre también involuciona. Seguramente porque la Tercera Guerra Mundial sin estar declarada irrumpe cada dia desde distintos ángulos del universo de hoy, con más o menos efectos bélicos que en los años 40 del siglo pasado, y con la misma escuela de daño de los fascistas, nazis y estalinistas de entonces. Y como en su tiempo Julián Marías, filósofo y ensayista español a quien pude entrevistar en su casa de Madrid varios años antes de su viaje final, Malís desnuda nuestro pueblo, cortés y arrabalero al mismo tiempo, y se encuentra con miles de preguntas muy en la línea, porque no decirlo, de los más de 8.142 miles de millones (según cifras del 2024) del mundo. Recuerdo que Marías cuando hablaba de los americanos, sudamericanos, puntualmente, se detenía más tiempo en Argentina para «certificar» que «los argentinos tienen dos problemas para cada solución. Pero intuyen las soluciones a todo problema». Y lo decía con enorme respeto en Buenos Aires, como en Londres, Roma o Nueva York, allí donde se tocara el tema de los cambios en la acelerada evolución del mundo. Su mirada estaba en la línea de otro grande español como José Ortega Y Gasset, también filósofo y ensayista, citado por Malís aquí, pero anterior a Marías: «Los argentinos viven en permanente disociación entre la imagen que tienen de sí mismos y de la realidad».
El autor va mucho más allá de nosotros porque busca explicarse el porqué de la sorprendente, pendular e incesante autotransformación espiritual de todos esos millones de personas que al relacionarse, elogiarse, insultarse y criticarse entre sí constituyen la sociedad humana.
Pero en este «Los Derrotados», el autor va mucho más allá de nosotros porque busca explicarse el porqué de la sorprendente, pendular e incesante autotransformación espiritual de todos esos millones de personas que al relacionarse, elogiarse, insultarse y criticarse entre sí constituyen la sociedad humana. Y hay una observación inevitable que hace de China e India, potencias que, para Malís, «dejaron de lado los proverbios y comenzaron a producir, abasteciendo al mundo de cosas, cada vez más alejadas de las personas, por el avance digital y artificial». Y tras lamentar la llegada de la «era de las sustancias y la droga», percibe que «la humanidad quemó las cartas de amor y se reemplazó por mensajitos por celulares, que consumían cerebros y ojos y lenguaje. La juventud manejaba la informática a la velocidad de la luz, pero no sabían las tablas de multiplicar, perdían la voluntad, desaparecía la axiología, avanzaba la trivialidad, los tatuajes imperaban, se acortaba la atención y la capacidad de asombro se volvió escéptica. La lectura de los clásicos se cristalizó en bibliotecas muertas (…)».
Y sí, el libro habla de «Los Derrotados», porque para Malís, invadido de datos de todo el mundo, pero también del mundo de la plaza cerca de su casa, advierte que «se está descarrilando el tren de la civilización y las pruebas son abrumadoras, porque el hombre va perdiendo su hombredad. Nos reprograman para creer que el mundo es un lecho de rosas, pero se marchitan en el estanque de la decadencia». Y entre otros referentes de carne y hueso con nombres gloriosos, el autor trae a su decir al general San Martin, a Sarmiento, a Bolívar… Y cada tanto aparece un maestro de la Filosofía con los que Malís se llevó siempre muy bien y los oyentes que lo siguieron y siguen, lo saben perfectamente.
LUIS EDUARDO MEGLIOLI.
JUAN CARLOS MALIS.
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